El padre Francisco era oriundo de Salto y director de primaria del colegio Pío de Montevideo.
El 9 de marzo de 1982, sufre una brutal golpiza que provoca que sea trasladado al Hospital Maciel en donde se confirmó su muerte. La versión policial indicó que el sacerdote sufrió una caída desde una altura de una casa ruinosa del barrio Ciudad Vieja. Esta y otras versiones fueron desmentidas por varios estudios forenses del cuerpo que constataron en distintas investigaciones posteriores la existencia de múltiples lesiones.
Su familia logró en el año 2010 el desarchivo de la causa judicial abierta por la denuncia penal realizada en 1982.
El viernes 14 de agosto de 2015 el juez actuante volvió a decretar el archivo por falta de pruebas para incriminar a personas concretas pero dejó constancia que descartó que la muerte de Guarino “se haya verificado tal y como afirmara la Policía al tiempo de los hechos a través de un relato que (…) ha quedado desmentido por el cúmulo probatorio alcanzado a lo largo de la instrucción”.
“Por ello, aun cuando deba concederse que tal conclusión no logra consolidar una verdad judicial sobre cómo ocurrieron los hechos, al menos permitirá a familiares y amigos de la víctima —así como a su congregación religiosa— desterrar la ignominia que entrañaba la versión policial”
El asesinato de Francisco Guarino se enmarcó dentro del seguimiento y la represión, orquestado principalmente por el Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA), a religiosos de la comunidad salesiana, Jesuitas, Dominicos y Capuchinos.