Carlos, estaba casado y era padre de dos hijos, integraba la Asociación de Empleados Bancarios de Uruguay (AEBU) y trabajaba como funcionario del Banco Popular desde muy joven.
En el marco de la militarización de los empleados bancarios decretada por el gobierno de Pacheco Areco (Partido Colorado) a mediados de julio de 1969, fue citado a cumplir la instrucción militar obligtoria. El 1º de octubre de ese año se presentó a las siete de la mañana en el Regimiento de Caballería Nº 9 de “Jardines del Hipódromo”.
Debido a que tenía un precario estado de salud fue exonerado de la instrucción física, pero debió igualmente someterse al régimen impuesto a los bancarios movilizados, lo que implicaban jornadas que comenzaban a las cinco de la mañana, exposición al frío, hacinamiento en barracas y deficientes condiciones sanitarias.
El jueves 2 de octubre, según el plan establecido por el comando militar, debía retirarse del cuartel a las once de la mañana para presentarse a las trece horas en el banco, pero no logró hacerlo porque sufrió un desvanecimiento. Sus compañeros, que viajaban con él dieron aviso a la guardia y fue trasladado al Hospital Militar, donde se le administró una inyección estimulante. Pocas horas después debió regresar al cuartel.
Al poco tiempo sufrió un nuevo desvanecimiento, acompañado de vómitos y convulsiones. Fue trasladado nuevamente en ambulancia al Hospital Militar. A sus familiares no se les permitió acompañarlo, prometiéndoseles un permiso para la mañana siguiente que no llegó a concretarse A las once horas Carlos había fallecido.
Ningún médico quiso firmar inicialmente el certificado de defunción, autorizándose el sepelio bajo la expresión “fallecido por falta de asistencia”. Su cuerpo fue depositado en la morgue del Cementerio del Norte y el lunes por la tarde se le practicó autopsia que determinó el fallecimiento por una falla cardíaca.
Carlos Cánepa murió en el contexto de la militarización impuesta a los empleados bancarios en 1969, a los 42 años de edad.


