El libro reconstruye la vida de Walter “el Cholo” González, trabajador cañero, militante social y político, y figura vinculada a las luchas de los peludos de Bella Unión. Publicado por Ediciones Trilce en 2004, el libro integra la colección Vidas rebeldes. Es una extensa conversación entre María Esther Gilio y el Cholo, en la que la memoria personal permite ingresar a una historia colectiva, la de los trabajadores rurales del norte uruguayo, la formación de UTAA y las luchas por tierra, trabajo y dignidad.
El texto recorre una vida marcada por el trabajo desde la adolescencia, las condiciones duras de la vida al norte, la pobreza, la frontera y la propiedad ajena de la tierra. Gilio presenta al Cholo en Bella Unión, en su casa modesta junto a su compañera y desde allí abre el relato hacia su infancia, su vínculo con la tierra, la figura exigente de su padre y el aprendizaje temprano del oficio. Esa dimensión biográfica funciona como clave para comprender la ética del trabajo, de la solidaridad entre compañeros y de la rebeldía contra la injusticia.
El libro presenta al Cholo en relación con UTAA, con las marchas cañeras de los años 60, con Raúl Sendic como figura conductora de una generación de trabajadores rurales que se organizaron desde sus reclamos laborales para ampliar sus horizontes políticos al cambio revolucionario. Su trayectoria incluye la represión patronal y policial, la militancia en el MLN-T, el exilio en Cuba y Argentina, la tortura, la cárcel y el regreso a vivir a Bella Unión.
Uno de los valores del libro es que no presenta al Cholo como un personaje heroico o o monumental. Su voz conserva humor, contradicciones, orgullo y ternura. Habla de sus compañeros, de la cárcel, de los desaparecidos, del mate, de los ranchos, de la infancia que crece en la pobreza con una mirada comprometida y situada en Bella Unión.
El libro también muestra el compromiso del Cholo que no se agotó en la militancia política, sino que se proyectó hacia formas concretas de solidaridad. Se hace referencia al proyecto comunitario desarrollado junto a su compañera, la pediatra María Elena Curbelo, en que comparten la sensibilidad y el compromiso por mejorar la vida de la infancia más pobre, los niños y las niñas con mayores fragilidades y por las familias que quedaban fuera de las respuestas institucionales. Esa experiencia articula la historia personal con una práctica social más amplia, como ejercicio presencial y cercado de cuidado, denuncia de la desnutrición infantil y acompañamiento de las familias. La contratapa del libro destaca que Walter González y Elena Curbelo continuaban trabajando en Bella Unión “a favor de la infancia carenciada”, y una nota final señala que María Elena recibió en 2004 el premio de la Sociedad Uruguaya de Pediatría, y un reconocimiento de la Convención Médica Nacional por su labor social y médica en los barrios más pobres de la ciudad.
